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ERICE

Posted in ERICE on agosto 25, 2007 by salinero

A media tarde,después de visitar Segesta, nos encaminamos a Erice, ciudad también habitada por los elimos. Está asentada sobre el monte Elyx ( 700 m.) lo que supone que en 12 kilómetros desde Trapani hay que superara un desnivel de 700 metros a través de una carretera zigzageante e interminable, pero que ofrece unas vistas espectaculares del mar. A medida que ascendíamos, una niebla densa se iba apoderando de la zona. Al llegar, el pueblo ofrecía una imagen sobrecogedora , envuelto en una tupida neblina y azotado por un viento otoñal. Nada que ver con el caluroso verano que habíamos dejado doce kilómetros más abajo. Imagino que el invierno, a pesar de su belleza,  convertirá el lugar en un sitio inhóspito.

Como no se puede acceder al casco en automóvil, es obligatorio dejar el cohe en el aparcamiento que existe junto a la Puerta Trapani, entrada natural a Erice. Desde allí se accede a la calle principal que, como en casi todas las ciudades sicilianas, es Vía Vittorio Emanuele.

Visitamos  Erice porque había leido mucho sobre esta ciudad. La mitología dice que Dédalo aterrizó aquí; Eneas, el protagonista de la Eneida de Virgilio también la menciona como un lugar sagrado y ha sido desde siempres lugar de culto a las divinidades clásicas. El castillo, situado en el punto más alto de Erice, se dice que fue lugar de culto de Afrodita, diosa del amor y la fertilidad.

Lo que primero llama la atención en Erice son sus calles empedradas, las casa de piedra,las plazoletas y ensanches sobre los que asoman algunas iglesias interesantes  . Merece la pena pasear tranquilamente por ellas y, sobre todo, alejarse un poco de las más frecuentadas por los turistas, llenas de tiendas con productos de reclamo, sobre todo los famosos dulces de almendra y mazapán que son típicos de Erice y  que se pueden adquirir en la calle Vittorio Emanuele  y en otras adyacentes.

Entonces, perdiéndose por callejuelas y rincones solitarios, en medio de esa niebla telúrica, se descubre el alma de un pueblo medieval lleno de magia y encanto.

Desgraciadamente, visitamos Erice sin ropa de abrigo, absolutamente necesaria ese día para protegernos del viento gélido que soplaba, y nos marchamos antes de lo que hubiéramos deseado. Una pena. En fin.